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jueves, 14 de abril de 2016

Y nos dimos cuenta, como un golpe de agua helada en el rostro que nos despertó del sueño conformista, que habíamos creado, juntos, ella y yo, un sentimiento indescriptible y sempiterno. Supimos acariciar nuestros defectos, aprendimos a quemar al mundo, y nos acostumbramos a pertencernos; quedándonos completamente solos. Porque en eso consistía todo, abandonarnos del resto para pertenecernos juntos.
Aprendimos a ser torpes con la vida, a caer en picada contra los miedos, a ser cobardes y desanimarnos, a deshacer lo bueno y tiempo después recrearlo. Aprendimos a reír entre esquinas, a jugar con los celos, aprendimos a desviarnos la mirada y devolverla en manera de cortesía. Nos mentimos sin agallas, y nos perdimos en el umbral de la verdad algunas veces. Pensábamos muy seguidamente de manera distinta, y nos llevábamos la contraria por cualquier estupidez; y algunas veces, terminábamos arrinconados y posados sobre nuestro propio orgullo.
Nos tejimos con holgazanería un sentimiento tan vasto en amor, que ya no importaban los defectos ni las culpas. Aprendimos a dejar ir y a dejar volver. Aprendimos a amarnos, sin estar unidos.
-GS32-

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