Llegas al mundo siendo un resultado muy esperado y planeado o algo fortuito,sin aviso. No has visto la luz y ya cargas una lista interminable de pendientes, planes y expectativas a cumplir.
El rol en este mundo parece estar predeterminado por todo y todos alrededor. Cada quien juzga y aconseja sobre aquello que a su parecer es aceptado.
Es así que te conviertes en el compendio de culturas familiares y sociales sin poder emitir criterio de aquello que ronda en el pensamiento en los pocos momentos de silencio. Parece imposible tomar decisiones propias sin que alguien salga malherido.
Todos hablan de honestidad pero nadie está dispuesto a recibirla. Vives en la utopía de la realidad, llena de sonrisas vacías y mentiras piadosas porque la verdad es muy hiriente para que sea conocida.
Sin embargo, en este continuo transitar del desierto emocional, rara vez topamos con la bondad de la suerte que tienta y alucina. Te lleva embriagado al oasis temporal de encontrarte contigo y descubrirte, quitarte la máscara y admirar tu esencia hasta que el ciclo vuelve a empezar o te conviertes en héroe, te aventuras a la vida sin todo lo que hasta el momento fue conocido, giras tu mundo y empiezas a vivir.
-Marta González-
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