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viernes, 8 de abril de 2016

Él, confundido, decidió irse. Se fue, dejando un dolor en su alma que agrietaba y empolvaba sus pasiones; única y siempre la razón por la que sus ideas cambiaban. Vacilaba en sus decisiones y normalmente, si no se le iluminaba el pensamiento por un consejo requerido, tomaba las peores.
Ella, decidió dejarlo, esperándolo en el mismo lugar en el que, más por acto de amor que de fe, creía que regresaría para un reencuentro; o por lo menos, para una última visita...
-GS32-

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