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miércoles, 27 de abril de 2016

Te vi de lejos

Te vi de lejos, sentada, mostrándome tu espalda bañada en pecas, tu cabello sombreando la luz, y tu aroma natural a mujer exquisita.
Te vi de lejos, y callé. Callé al Cielo y callé al Infierno, callé al mundo, callé los pasos de los transeúntes, me callé y dejé que todo se centrara en vos. Todo en tan pocos segundos, en instantes interminables pero fácilmente contables. Seguías allí, sentada y en silencio, estática y sobrenatural.
Te elegí a vos para lograr ver el paraíso, te elegí a vos para regresar al edén del que nos perdimos, te elegí a vos como dueña de mis sentidos expuestos a lo real.
Te vi de lejos, con elegancia, escéptico de lo que estaba viendo, porque tanto amor y belleza en un ser, era algo ignoto para esto que conocemos realidad donde los mortales escapamos en sueños. Pero vos, vos eras esa parte hermosa, esos pequeños segundos apoteósicos en los que cada ser humano, desde el inicio de la historia, había soñado. Sí, verte fue como haber visto un conjunto de sueños asombrosos en los que la humanidad desde su inició soñó.
Verte de lejos, fue haber tocado las constelaciones con mis dedos; fue haber besado el recuerdo de la luna en este mes de abril; fue haber desaparecido el universo que vemos y haberlo recreado en vos.
Te vi de lejos, y sentí que moría a suspiros, y renacía en tu mirada.
-GS32-

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