Sí, lo sé, he vuelto. Y vos también has vuelto; como si fuese otro reencuentro matutino, como si fuese una visita diaria, pero aunque así lo quisiera, sé que es todo lo contrario. Me miento, y mis mentiras desvanecen conmigo mientras te miro. Porque te vas, y me dejas solo, con un adiós en el aire y una amargura detestable, con palabras que deseaba gritarte y un abrazo arrancado de mis débiles deseos para detenerte. Te vas, devolviéndome el libro que te di, regresándonos todoaquello que nos dimos. Y aunque tratamos de devolvernos los sentimientos creados por los desvelos y la picardía, fue un acto inútil.
Me dejaste una habitación repleta de recuerdos gravados, dibujados en los espacios en los que ahora te pienso.
Nos vimos con una mirada intolerable, casi insoportable, que cortaba de a poco nuestra respiración; se nos sacudía el alma, la sangre nos quemaba la piel, reminiscencias aturdían nuestra mente y ese histórico momento se infectó de indeterminable melancolía.
¿Por qué te fuiste? Quiero decir... Te amaba. Sí, fui un desastre y con firmeza te aseguro que lo seguiré siendo, pero así me conociste, así me recibiste entre tus brazos. Reconozco que presentía el adiós desde antes de conocernos mejor, pero creí que era solo un pensamiento más y que podría ser distinto, pero no fue así. Maldita sea, cómo me hubiese encantado equivocarme conmigo y no con vos, que el presentimiento de una despedida hubiese quedado atrapado solo en una idea y no en lo que estaba viviendo con vos.
Ahora es cuando más te siento, porque siento tu ausencia. Siento tus caricias en el viento, tu rostro junto a la almohada, tu mirada en el vino que me tomo a la hora prohibida. Quizá ya me he vuelto loco. Quizá me entregué demasiado a vos. Quizá te di mi vida, y cuando te fuiste, te fuiste con ella; ahora intento descaradamente olvidarte, pero entre las noches tu recuerdo me invade, y me mata.
Quizá me he vuelto loco. Quizá realmente te amaba. Quizá...
Me dejaste una habitación repleta de recuerdos gravados, dibujados en los espacios en los que ahora te pienso.
Nos vimos con una mirada intolerable, casi insoportable, que cortaba de a poco nuestra respiración; se nos sacudía el alma, la sangre nos quemaba la piel, reminiscencias aturdían nuestra mente y ese histórico momento se infectó de indeterminable melancolía.
¿Por qué te fuiste? Quiero decir... Te amaba. Sí, fui un desastre y con firmeza te aseguro que lo seguiré siendo, pero así me conociste, así me recibiste entre tus brazos. Reconozco que presentía el adiós desde antes de conocernos mejor, pero creí que era solo un pensamiento más y que podría ser distinto, pero no fue así. Maldita sea, cómo me hubiese encantado equivocarme conmigo y no con vos, que el presentimiento de una despedida hubiese quedado atrapado solo en una idea y no en lo que estaba viviendo con vos.
Ahora es cuando más te siento, porque siento tu ausencia. Siento tus caricias en el viento, tu rostro junto a la almohada, tu mirada en el vino que me tomo a la hora prohibida. Quizá ya me he vuelto loco. Quizá me entregué demasiado a vos. Quizá te di mi vida, y cuando te fuiste, te fuiste con ella; ahora intento descaradamente olvidarte, pero entre las noches tu recuerdo me invade, y me mata.
Quizá me he vuelto loco. Quizá realmente te amaba. Quizá...
-GS32-
No hay comentarios.:
Publicar un comentario