¿Quién sos?
¿Conocés al ser divino que habita en vos? Estas preguntas rondan diariamente mi
mente hasta que logro entender que estoy en constante cambio y crecimiento de
mi ser interno. Hoy puedo admitir que soy un poco mejor que ayer y que cada vez
que cierro los ojos y me dispongo a dormir tengo una pequeña muerte sólo para
poder renacer mañana. Muerte, porque no tengo garantía de que llegue el día
siguiente; tan siquiera tengo certeza que ese anhelado futuro lo alcance si es
que esa noche mi alma y mi ser interno decide evolucionar y dejar este cuerpo
que se desvanecerá en el tiempo.
Hasta ahora
esta vida me ha permitido crear mi realidad aquí, bajo este pedacito de cielo
que lleva por nombre Costa Rica. País sin ejército aunque con violencia por
doquier y lleno de doble moralistas que juegan a ser Dios. ¿Será que ya están
libres de defectos y se encuentran en el derecho de tirar la primera, segunda y
hasta la tercera piedra?
En este
crecer espiritual aprendo a despojarme y viajar ligero, entiendo que nada me
llevo porque el espíritu es libre y sólo quedaré en la memoria de aquellos que
tengan el agrado de compartir conmigo sus experiencias y que me den el
privilegio de dejar un poco de mí en ellos. Ahora valoro a cada persona que se
acerca, también aprecio a quienes se alejan pues su tiempo caminando a mi lado
ha terminado y dejaron consigo un importante aprendizaje.
La
sabiduría que esta divinidad interna va alcanzando me impresiona y me llena;
hoy dejo que sea quien guíe mis pasos y que le extienda la mano a quienes
gusten de compartir la misma experiencia que yo. Amo por igual y, aunque
cueste, trato de entender que todos tenemos vidas distintas y que decidimos
reaccionar como mejor nos conviene.
Es una
decisión difícil esto de dejar de vivir en automático, tener vidas perfectas en
redes sociales cuando la realidad dista mucho de los cuentos de hadas que de
niños escuchamos. Aún más complejo es nadar contracorriente cuando todos están
ciegos, sordos y mudos ante la sociedad decadente. Ya no nos mueve el dolor
ajeno y quitamos la mirada ante la necesidad del hermano. Ni siquiera somos
capaces de entablar relaciones lejos de una pantalla y más cerca de una taza de
café.
Es hora de
callar el bullicio externo y ajustar el oído a lo que nuestro verdadero ser tiene
que decir. Es momento de actuar conforme al espíritu y determinar ser
diferente.
-Marta González-
No hay comentarios.:
Publicar un comentario